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Lo de Carla y Arturo conmigo fue amor a primera vista. Desde el primer momento que vi a esta preciosa pareja me enamoré de la energía que me pasaron, de las ganas que tienen de comerse el mundo, de la sonrisa de Carla. En ese momento yo ya supe que si inmortalizaba su gran día, sería una de las bodas en las que mejor me lo pasaría y a la vez más a gustaría estar. Así que muy rápido dí el “sí quiero” que me tocaba, indicándoles que si quería hacer su reportaje de boda en el Castell de l’Oliver, el lugar que eligieron y podéis ver a continuación.

Fue la primera vez que iba a realizar un reportaje en la Basílica de la Mercé, para seguidamente desplazarnos al Castell de l’Oliver, un sitio que no me dejó indiferente.

Una boda cargada de alegría, llantos, emociones y sobretodo energía. Tengo que agradecer también la compañía de Deriman que me echó un cable en esta boda.

Si queréis seguir un pequeño consejo, pulsad al play y dejaros llevar por el gran día de esta maravillosa pareja.

Carla y Arturo en el Castell de l’Oliver – Un espacio idílico para bodas

Fue una boda con diferentes desplazamientos que, como siempre, hice encantado. Lo primero fue visitar a los novios durante los momentos en los que se cambiaban con sus personas más próximas. Momentos que siempre están repletos de una mezcla increíble de emociones. Emociones que te traspasan a ti como profesional y que te permiten disfrutar de tu trabajo de una forma excepcional.

Una vez lista la pareja y los demás invitados, nos fuimos a la Basílica de la Mercé, un espacio que era la primera vez en el que tenía el placer de asistir como profesional, creando el reportaje de esta preciosa pareja.

Una vez más, emociones a flor de piel en cada momento, en cada segundo que avanzaba la ceremonia hacia el más que deseado sí quiero, esta vez por parte de los novios 🙂

La salida, momento que adoro de las bodas, como siempre llena de euforia, de gritos, de arroz, confeti, pétalos y más volando dirección a los novios. Son los primeros momentos en los que la pareja puede disfrutar, ahora si, como recién casados y la energía positiva corre por sus venas. Además, los invitados siempre lo celebran con ellos y también se dejan llevar por esta combinación de emociones. Momentos en los que las fotos salen solas y se logran grandes capturas.

Llegados a este punto hicimos el último desplazamiento, ahora si para seguir celebrando la boda en el Castell de l’Oliver, una lugar que una vez más quiero recomendar por su magia, sus espacios, sus profesionales y, en realidad, por todo.

Un lugar idílico que sumado a la celebración de este tipo de eventos hace que todos los presentes, incluso los que estamos por trabajo, disfruten de todas las sensaciones, la comida, la diversión y el ambiente.
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¿Habéis visto la sala? Un lugar excepcional con aquel toque de “no sé qué” que hace que te quedes hipnotizado mirando hacia izquierda y derecha para posteriormente seguir disfrutando del gran día. Decoración divertida, original y muy cálida que te permite sentirte como en casa. Además de poder ver el toque que los novios quieren darle a su boda.

Ah, y después de aprovechar al máximo la cena, la fiesta que, como no podía ser de otra manera, hizo que todos y cada uno de los invitados pasaran grandes momentos.

Sin duda, una boda excepcional con una pareja encantadora.
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